La biblioteca de un palacio al atardecer. Fuego en la chimenea, un sillón de cuero, una copa de coñac en la mano y un batín de seda burdeos que le sienta como si fuera suyo. Él no tiene ninguna prisa. Saborea cada trago, mira el fuego, mueve el pie al ritmo de nada. Hasta que se abren las puertas y entra el dueño de la casa. Anda que si te toca...